El anuncio no es menor. San Jorge, ubicado en Uspallata, es un proyecto símbolo: detenido durante más de una década, representa hoy el punto de partida de una política minera que busca equilibrar producción, sustentabilidad y consenso social. Cornejo insiste en que su gobierno será recordado “porque se volvió a hacer minería en la provincia”, y San Jorge sería la primera muestra tangible de ese cambio.
Más allá de las fechas, la afirmación encierra una convicción política: la minería mendocina volvió a ser un tema de gestión, no de debate ideológico. Cornejo apuesta a demostrar que se puede avanzar con reglas claras, controles ambientales y participación local.
Si San Jorge logra activarse antes de fin de año, Mendoza podría recuperar un espacio productivo y estratégico que otras provincias del oeste ya consolidaron. Pero también pondrá a prueba la capacidad del Estado para garantizar previsibilidad y gestión técnica, factores clave para atraer inversiones sostenibles.
La frase de Cornejo no solo anuncia un objetivo operativo: marca un cambio de era. Mendoza, lentamente, se prepara para pasar del discurso a la producción.